miércoles, 4 de noviembre de 2009

Para los que lleven la señal en la frente:


Al escribir novelas, los poetas actúan como si fuesen el mismo Dios y pudieran abarcar con su mirada, cualquier historia humana, comprendiéndola y presentándola como si el propio Dios la contase, revelando su esencia en todo momento. A mi me es imposible hacerlo así, como también le es imposible a los poetas. Pero mi historia me importa más que a cualquier poeta la suya pues es mi propia historia, y es la historia de un hombre. No la de un hombre inventado, posible o inexistente, sino la de un hombre real, único y vivo. Hoy menos que nunca se sabe lo que es un hombre vivo, y se lleva a morir a miles de seres humanos, cada uno de los cuales es una creación única y valiosa de la naturaleza. Si sólo fuéramos seres únicos sería fácil hacernos desaparecer mediante la bala de un fusil, no tendría sentido contar historias. Pero cada hombre no es tan sólo él; es también un punto único y especial, importante y curioso, donde sólo una vez y nunca más, se cruzan los fenómenos del mundo de una manera particular. Es por esto que la historia de cada hombre, mientras viva y cumpla la voluntad de la naturaleza, es admirable, eterna y divina. En cada hombre se ha hecho carne el espíritu, en cada uno sufre la criatura, en cada uno de ellos un redentor es crucificado.

Hoy muy pocos saben qué es el hombre. Muchos lo presienten, y por hacerlo mueren más aliviados, como moriré yo al terminar de escribir mi historia.

No pretendo ser un sabio. He sido un hombre que busca, y todavía lo soy, pero ya no busco en estrellas y los libros. He comenzado a escuchar las enseñanzas que me susurra mi sangre. Mi historia no es agradable, ni dulce, ni armoniosa, como son las inventadas; tiene el sabor de la insensatez y la confusión, de la locura y el sueño, como la vida de todos los hombres que ya no quieren seguir mintiéndose a sí mismos.

Lo que entendemos como la vida de cada hombre es un camino hacia sí mismo, el intento de un camino, la huella de un sendero. Ningún hombre ha logrado ser sí mismo por completo, pero todos aspiran a serlo. Ningún hombre ha logrado ser sí mismo por completo, unos a ciegas y otros con mayor claridad, cada uno como puede. Todos llevan consigo hasta el final, los restos de su naciemiento, las viscosidades y cáscaras de huevo de un mundo primordial. Algunos no llegan nunca a ser hombres. Otros son hombres de la mitad del cuerpo para arriba. Pero cada uno es el empuje de la naturaleza hacia el hombre.Todos tenemos un origen común, nuestras madres. Todos venimos de las mismas profundidades, pero cada uno tiende, desde la hondura, a su propio fin. Nos podemos comprender unos a otros; pero interpretares algo que sólo cada uno puede hacer consigo mismo.